martes, octubre 25, 2005

Aromos

Aromos

Eran la única luz posible
en mis pupilas
El cosmos guardó el polen
que preñaría de semillas
las constelaciones.
Eran la calma en el hueco
absurdo de mis días
Cayeron hasta el infierno
juntas sus ramas y sus raíces
La amarilla sangre golpeó
contra el suelo
Los olmos lloraron en silencio
Los pinos gimieron sus adioses
Los aromos morían como soles
yo moría con ellos.

Escrito en 1999

Ángel

Ángel

Busco tus pasos por los amaneceres,
por las oscuridades plagadas de tu aroma
y solo veo el filo de tus alas abriendo mi desesperación.
En esta orilla muda de soledad aguardo tu regreso
vestida de sombras.
En este abismo me pierdo
por seguir la huella que dejas sobre la hierba.
Ven a quitarme el viento que tus besos le dieron a mi alma.
Apaga mis pupilas,
devórame las entrañas
haz con mis huesos tu morada.
Llévate mi luz, a la tierra que florece con tu voz.


Escrito en 1999.

jueves, octubre 20, 2005

Golpe de estado

Golpe de estado


El estado que puede provocar un golpe es, entre otros muchos, el de quedar aturdido por un buen tiempo.
De golpe me he sentido tan confundida que no alcanzo a comprender si es por el golpe, el estado de confusión, o una confesión a gritos que he sido golpeada.
Este estado que de golpe me causó tal conmoción puede que sea el mismo que le provoca a Ud. el golpe por el cual Ud. ha estado allí sentado hace años tratando de entender.
El golpe, que siempre es certero y deja en estado de idiotez a quienes lo padecen, tal vez, sea el que nos ha estado molestando a Ud. y a mi por éstos días.

Invierno

El andén se parecía demasiado a los pasillos del cementerio.
Los carteles se movían siniestros y ruidosos con el viento.
Los pasos venían del dolor, hacia el dolor, hacia el vacío.
Era demasiado temprano, era invierno y la llovizna cubría las superficies con su húmedo aroma de aucaliptos y soledad.
En el andén todos teníamos la mirada perdida en el horizonte, como si el fuera un lugar posible para hallar lo que jamás llegaría.
En el andén llorábamos y nos despedíamos, como en el cementerio y esa idéntica amargura teñía nuestros cuerpos convirtiéndonos en sombras delgadas que recorríamos las noches y los días.
En el andén o en el cementerio todos teníamos el mismo gris enjaulado en la mirada.
Era invierno, era demasiado temprano y el horizonte era un sueño al que todos deseábamos arribar.

lunes, octubre 17, 2005

Hacia adentro


Que nos vean sentadas a nuestra mesa
con mantel de girasoles y luz.
Que vean nuestros platos llenos
de amor, de feliz almuerzo, cena,
pan del día en que decidimos
no ser quienes querían que fuéramos.

Que vengan que entren los que pensaban
que no se podía
que huelan el aroma de la paz en las mañanas,
el sol entrando a raudales por los ojos
y la lluvia a cada instante en nuestras pieles siempre nuevas,
que se den el disgusto de no verse en nuestro espejo
que sigan con sus mentiras de domingos paseando por las plazas

jueves, octubre 13, 2005

Mermelada

Mermelada

En la noche, que anidaba la calma de las aves, con hojas del otoño, encendí la hoguera.
Elegí las hierbas que habitaban el bosque, elegí las frutas que guardaban el recuerdo de las flores.
Desnudé las amarillas peras, a las soberbias manzanas, a los delicados duraznos, a los membrillos cargados de sol y en la redondez de las ciruelas, se detuvieron mis dedos imaginando que era tu piel.
El caldero hablaba su idioma de agua y fuego con la luna.
Corté las frutas por la mitad de la mitad, pensando en esa mitad de mí, que andaba en ti por los caminos, en esa mitad de ti que mi boca guarda y en el dulce placer que las frutas deshechas y mezcladas nos regalarían.
Las puse a hervir en el caldero y las rocié con azúcar y esperanza, con vainilla e ilusiones con hojas de menta y calma.
Revolví las horas, mantuve el fuego y mientras esperaba, estrujé un limón y una naranja y vertí los jugos junto con mis lágrimas.
El vapor empalagaba mi cuerpo, las ramas, el río y las estrellas. De a poco, en manos del fuego, en el vientre del caldero se rompían los cuerpos tiernos, se mezclaban y se hacían más dulces que en las plantas.
Cuando se aquietó el hervor furioso del agua las frutas eran una dulce totalidad que despertaba los deseos de la luna.
Dejé que el rocío con sus gotas enfriara el dulce, separé el cristalino resultado en recipientes de vidrio y pensé en esa totalidad que estaba separando, que no podía dejar de ser el dulce resultado de la unión de las mitades.

sábado, octubre 01, 2005

Naufragio


Naufragio


Otra vez sin refugio,
sin calma, sin destino.
Otra vez a la espera de arribar a un puerto
que no me sea extraño, que no destierre mis anhelos.

A la deriva, otra vez, como tantas
arrojando palabras al río,
besando la lluvia
tratando de entender el sin sentido
de ésta soledad poblada de estrellas.

Otra vez desnuda,
al borde del abismo
en busca del amparo
que el pecho de la luna
guarda para mí.

escrita por gabriela lorenzo en el año 2000

Conquista

Conquista

Desde tu llegada
todos mis días se oscurecieron
y no encuentro las palabras
para contarle al cielo mi dolor.

Desde que tu lengua
quemó la mía
todo huele a cenizas,
todo es desierto
desde que tus pasos
arrasaron mis semillas.

Mis ríos, mi sangre,
envenenados por tu sangre,
ya no corren.
Mi piel, descolorida apenas sostiene mi alma,
y sabe que un día más
será vejada
por tus codiciosas manos.

Escrito en el año 2000 por Gabriela Lorenzo

Fruto


Fruto

Pende al filo de una rama
caerá despacio como el sol
El peso de su dulzura lo hará
estallar contra el
suelo.
Su jugo se mezclará con las
vertientes.
El aroma de su cuerpo
traerá un sabor lejano
que sólo la tierra conocerá
cobijando el alma de un árbol nuevo.



Escrito en el año 2000 por Gabriela Lorenzo