martes, febrero 14, 2006

Creciendo

“..la dulce fiesta de las cosas más sencillasy la paz en la gramilla de cara al sol..”

Eladia Blázquez


Quiero alimentarme de la luz, que tus ojos vierten sobre mí, cuando me ves oscura y temerosa.
Quiero olvidarme de las sombras para poder hacer una fiesta con las hojas que rodaron por el suelo, una casa con pétalos de flores, y poner con mis manos, llenas de esperanzas, una luna brillante sobre los viejos árboles.
Soplar sobre tus labios las palabras que guardé, desde siempre, en los míos, para el día de tu llegada.
Nacer de vos, beber el jugo dulce de tu cuerpo, abrirme cómo una semilla, feliz entre tus manos.
Hoy voy a extender mis brotes hacia el cielo hermoso de tu mirada, con la esperanza de ser tu refugio y sombra.


14 Febrero 2006.

sábado, febrero 11, 2006

En el ojo de la soledad

Allí, en el centro del dolor
está el sol oscuro
que me cubre.

La sombra de tu cuerpo
debajo de las hojas que
se irán a ningún lugar.

Mi voz llamando a nadie.

Los árboles llorando sus amarillas
muertes sobre las veredas
y el otoño cansado
de venir hasta mi puerta.

Allí está lo lejano,
allí está mi asombro,
mi desnuda mirada pegada
en la ventana.


escrito en 2001

miércoles, enero 25, 2006

Andrea


Ella tiene entre sus dedos
la medida de mi cadera.

De mi piel, el sabor
entre sus labios.

Ella hace, en la arena,
mi huella,
mi pie desnudo
mi camino.

Crece la hierba en la mañana
de sus ojos.

En el sendero de su espalda
mis manos dibujan el futuro.

Ella es la tierra en la que germinan
las flores de mis mañanas.

2003



soy

Soy dueña de mis pasos
soy mi rumbo,
mi destino,
entre ruinas hago mi refugio.
Con astillas de sueños
levanto, entre mis manos, la mañana.

Soy parte de la hoguera
fuego que sube por el cuerpo del silencio
llama que devora el frío, el miedo.

Soy garra, sangre, ala herida
sobrevolando el territorio del olvido.

martes, enero 24, 2006

Propiedad privada




Mis pasos no entienden
los límites.
Mis ojos no comprenden
prohibiciones.
En el lenguaje de las hojas
no caben palabras
que posean sus cuerpos
ellas le pertenecen a la lluvia,
a los días de lenguas suaves
que les dibujan nervaduras
y ocres.
Por huellas viejas, hacia la luz,
camino.
Por ramas, añosas, hacia el viento,
me deslizo.
Por verdes bosques privados
Camino en silencio
Y soy hierba que se enreda
que aroma la piel de los árboles
nada puede detener esta obstinación
vegetal de estar viva.


Escrito 12.07.01

sábado, enero 21, 2006

lenguaje


Es tu cuerpo una hoja tendida
sobre la inmensidad de la hierba
allí mis dedos dibujan símbolos nuevos,
palabras hechas de agua y miel,
secreto idioma,
que solo tu lengua y la mía saben pronunciar.



escrito 2003

para Ann

viernes, enero 20, 2006

Infancia

“…Cerrame el ventanal que arrastra el sol su lento caracol de sueños…”
catulo castillo

Yo creía que el mar dormía dentro de una enorme caracola.
Mi abuela, con esas manos que saben acariciar nietas pero que no pudieron acariciar hijas, ponía en mi pequeña oreja curiosa, la suave caracola que cantaba como el mar.
Yo creía que el mar estaba oculto en uno de esos rincones de nácar, que parte de su inmenso cuerpo, venía en esa rosa caracola para estar conmigo.

Yo creía que los relojes sabían por qué lugar del cielo transitaba el sol, entonces daban las horas exactas, horas de jugar a dar miles de vueltas y caer sobre la hierba a esperar que el mundo se detuviera.

Yo creía que el sol dormía sobre la línea del horizonte, entonces yo corría por el interminable camino, para tocarlo antes que la noche lo tragara y me dejara a solas, en la oscuridad, donde habitaban los fantasmas de dolor.


escrito enero 2006.
"...O ahí, en esos rincones, donde (nosotras lo sabemos)
reina la posibilidad de otra vida en esta..."
Fragmento de Souvenirs.
Diario de estos días
Gabriela de Cicco.

Nos detenemos a mirarnos, en el espejo claro de nuestros ojos, que nos devuelve el manso reflejo de cuerpos nuevos.
Buscamos el dulce sostén que perdimos cuando dejaron de acariciarnos con tanta ternura que no cabía ninguna oscura posibilidad de caer y lastimarnos.
Nos dormimos sobre almohadas mullidas, suaves, tibias que nos alimentan los sueños.
Construimos, con pétalos y aromas, un jardín de tierra fresca en donde sembrar la esperanza.
Todo es posible sobre la piel recién inventada, sobre los deseos hechos a la medida de nuestras caderas.


escrito 2002

domingo, enero 15, 2006

La mesa




Creo que es su olor, su cuerpo, llanura pequeña y maciza, que me lleva a estar cerca de ella.
No tiene el vaivén que tiene el mar y sin embargo sobre ella, navego.
No se lo he dicho nunca con palabras, pero a diario, cuando la acaricio, en mi manera de cuidarla, en el profundo silencio de la noche, mis manos le dicen secretos poemas que huelen a su origen, a madera, a bosque.
Hace tiempo que me acompaña, pero desconozco su verdadera edad, no es joven, ni tiene estilo, solo es ella, ella conmigo, en la angustia de mis soledades, en la reunión de mis afectos, en los desafíos, a la hora de la verdad, a la hora del hambre y de la sed.
A ella la iluminan mis flores, la humedecen mis lágrimas, sobre ella escribo besos, mi historia, el ritual de las caricias.
Se desmigaja el pan de la ternura, ocurre la vida a diario sobre ella.


escrito 2003

sábado, diciembre 17, 2005

El Día Después

Debo despertar , porque el sol sigue allá afuera,
esperando que viva.

Tengo que salir a dar pelea, con el cuerpo lleno de marcas,
con ese dolor constante que solo de a ratos no duele.

Filos de hojas sucias desdibujaron mi rostro.

Rompieron la felicidad de mis flores destrozaron la mujer que era.

La luz de mis mañanas fue arrasada por lenguas obscenas.
Bocas impunes mordieron la voluntad, arrancaron las palabras.

Entre estos escombros se esgrime esta yo antigua y nueva.

Fragmentos de mi inocencia luchan por salir a ver la luz.

Brotecitos de esperanza, buscan el espejo que les devuelva el verde nuevo para saberse vivos.

escrito dic 2005

sábado, diciembre 03, 2005

En viaje

En viaje, hacia el sitio que me devuelve las palabras,
se impregnan mis ojos de imágenes llegadas de la infancia.
Luz de un nuevo día,
Alegría del trigo que verdea sobre la tierra,
Ternura del idioma dormido dentro de mi lengua
Este suelo lleno de esperanzas aún desea darme paz.
Este sol que había perdido en los recodos del silencio,
en los pasillos del invierno,
rueda cerca de mis manos y lo acaricio como a mi piel recién nacida.

escrito 2001


martes, noviembre 08, 2005

Sin permiso

...No hace falta permiso para rodar desnudos por el piso,
como dos sordomudos, sin otro paraíso
que el que mi lengua invoca a las puertas del cielo de tu boca..”
Joaquín Sabina.


Desnudas, rozamos el cielo de las que no saben a donde queda el infierno.
Nuestras lenguas no dejaron de humedecer cada rincón de nuestros cuerpos.
Inventamos el lenguaje de las que no tienen nombre, de las que se ocultan para amar, cantamos canciones de agua sobre nuestras pieles.
A nadie pedimos permiso para recorrer de norte a sur estas tierras, siempre prohibidas y siempre nuestras
Nada puede poner límites a los ríos cristalinos de nuestra ansiedad.
No hay palabra que detenga este designio.
escrito 2004

Confesiones de un árbol que espera la primavera



Por alguna extraña razón, que solo la naturaleza y mi interior de árbol han de saber,
mis raíces han dejado de buscar el sustento de mi follaje,

de mi antiguo follaje, del follaje del que tus ojos se enamoraron.
Por alguna extraña y compleja razón, mis raíces se quedaron quietas y no atinan a buscar, en los lechos rocosos, hendijas que le permitan llegar al húmedo alimento de mis hojas.

Por alguna razón, esta memoria de árbol a olvidado el camino hacia la sed.
Este cuerpo mio, de árbol temeroso, ha detenido el vuelo de sus ramas hacia el cielo, sin advertir que mi verde es el lugar de descanso para la constelación de tu mirada y que mis frutos endulzan tus labios.

Por alguna extraña razón el aire hoy huele a primavera y mi cuerpo de árbol comenzó a recordar el tibio hueco de tu cuerpo entre mis ramas.
La primavera está cerca y mis raíces hoy desean recuperar las fuerzas para transitar el oscuro lugar que me separa del alimento que alimenta tu boca.

escrito 2005

martes, octubre 25, 2005

Aromos

Aromos

Eran la única luz posible
en mis pupilas
El cosmos guardó el polen
que preñaría de semillas
las constelaciones.
Eran la calma en el hueco
absurdo de mis días
Cayeron hasta el infierno
juntas sus ramas y sus raíces
La amarilla sangre golpeó
contra el suelo
Los olmos lloraron en silencio
Los pinos gimieron sus adioses
Los aromos morían como soles
yo moría con ellos.

Escrito en 1999

Ángel

Ángel

Busco tus pasos por los amaneceres,
por las oscuridades plagadas de tu aroma
y solo veo el filo de tus alas abriendo mi desesperación.
En esta orilla muda de soledad aguardo tu regreso
vestida de sombras.
En este abismo me pierdo
por seguir la huella que dejas sobre la hierba.
Ven a quitarme el viento que tus besos le dieron a mi alma.
Apaga mis pupilas,
devórame las entrañas
haz con mis huesos tu morada.
Llévate mi luz, a la tierra que florece con tu voz.


Escrito en 1999.

jueves, octubre 20, 2005

Golpe de estado

Golpe de estado


El estado que puede provocar un golpe es, entre otros muchos, el de quedar aturdido por un buen tiempo.
De golpe me he sentido tan confundida que no alcanzo a comprender si es por el golpe, el estado de confusión, o una confesión a gritos que he sido golpeada.
Este estado que de golpe me causó tal conmoción puede que sea el mismo que le provoca a Ud. el golpe por el cual Ud. ha estado allí sentado hace años tratando de entender.
El golpe, que siempre es certero y deja en estado de idiotez a quienes lo padecen, tal vez, sea el que nos ha estado molestando a Ud. y a mi por éstos días.

Invierno

El andén se parecía demasiado a los pasillos del cementerio.
Los carteles se movían siniestros y ruidosos con el viento.
Los pasos venían del dolor, hacia el dolor, hacia el vacío.
Era demasiado temprano, era invierno y la llovizna cubría las superficies con su húmedo aroma de aucaliptos y soledad.
En el andén todos teníamos la mirada perdida en el horizonte, como si el fuera un lugar posible para hallar lo que jamás llegaría.
En el andén llorábamos y nos despedíamos, como en el cementerio y esa idéntica amargura teñía nuestros cuerpos convirtiéndonos en sombras delgadas que recorríamos las noches y los días.
En el andén o en el cementerio todos teníamos el mismo gris enjaulado en la mirada.
Era invierno, era demasiado temprano y el horizonte era un sueño al que todos deseábamos arribar.

lunes, octubre 17, 2005

Hacia adentro


Que nos vean sentadas a nuestra mesa
con mantel de girasoles y luz.
Que vean nuestros platos llenos
de amor, de feliz almuerzo, cena,
pan del día en que decidimos
no ser quienes querían que fuéramos.

Que vengan que entren los que pensaban
que no se podía
que huelan el aroma de la paz en las mañanas,
el sol entrando a raudales por los ojos
y la lluvia a cada instante en nuestras pieles siempre nuevas,
que se den el disgusto de no verse en nuestro espejo
que sigan con sus mentiras de domingos paseando por las plazas

jueves, octubre 13, 2005

Mermelada

Mermelada

En la noche, que anidaba la calma de las aves, con hojas del otoño, encendí la hoguera.
Elegí las hierbas que habitaban el bosque, elegí las frutas que guardaban el recuerdo de las flores.
Desnudé las amarillas peras, a las soberbias manzanas, a los delicados duraznos, a los membrillos cargados de sol y en la redondez de las ciruelas, se detuvieron mis dedos imaginando que era tu piel.
El caldero hablaba su idioma de agua y fuego con la luna.
Corté las frutas por la mitad de la mitad, pensando en esa mitad de mí, que andaba en ti por los caminos, en esa mitad de ti que mi boca guarda y en el dulce placer que las frutas deshechas y mezcladas nos regalarían.
Las puse a hervir en el caldero y las rocié con azúcar y esperanza, con vainilla e ilusiones con hojas de menta y calma.
Revolví las horas, mantuve el fuego y mientras esperaba, estrujé un limón y una naranja y vertí los jugos junto con mis lágrimas.
El vapor empalagaba mi cuerpo, las ramas, el río y las estrellas. De a poco, en manos del fuego, en el vientre del caldero se rompían los cuerpos tiernos, se mezclaban y se hacían más dulces que en las plantas.
Cuando se aquietó el hervor furioso del agua las frutas eran una dulce totalidad que despertaba los deseos de la luna.
Dejé que el rocío con sus gotas enfriara el dulce, separé el cristalino resultado en recipientes de vidrio y pensé en esa totalidad que estaba separando, que no podía dejar de ser el dulce resultado de la unión de las mitades.

sábado, octubre 01, 2005

Naufragio


Naufragio


Otra vez sin refugio,
sin calma, sin destino.
Otra vez a la espera de arribar a un puerto
que no me sea extraño, que no destierre mis anhelos.

A la deriva, otra vez, como tantas
arrojando palabras al río,
besando la lluvia
tratando de entender el sin sentido
de ésta soledad poblada de estrellas.

Otra vez desnuda,
al borde del abismo
en busca del amparo
que el pecho de la luna
guarda para mí.

escrita por gabriela lorenzo en el año 2000